La inteligencia artificial no piensa, no es inteligente: actúa. Comprender esta diferencia fundamental es la clave para afrontar con conciencia los desafíos de una tecnología que está transformando nuestro presente y nuestras vidas, y para imaginar el futuro de nuestras sociedades.
Luciano Floridi, uno de los principales filósofos contemporáneos y referente internacional en ética digital, ofrece una perspectiva nueva y sorprendente: la IA no debe entenderse como una forma de inteligencia, sino como una nueva forma de «agencia». No piensa ni comprende como un ser biológico, sino que es un conjunto de capacidades computacionales capaz de actuar con eficacia y éxito, pero sin poseer ninguna inteligencia. Entender esa diferencia tiene consecuencias decisivas. Solo así podremos construir un mundo a la medida de lo humano y no orientado a la IA, para preservar nuestra humanidad en un futuro cada vez más automatizado.
Floridi pone de relieve la urgente necesidad de dar forma ética a la tecnología antes de que sea ella la que nos dé forma a nosotros.